Un Ciego con una Pistola

Ya conoces la novela, es un guiño, y sabrás por eso que este es un blog pretencioso sobre el libro y su mundo. Si quieres comentar algo, adelante, si quieres enviarme tu libro, mucho mejor: daré cumplida cuenta.

Rompiendo el gallinero de papel

Mientras los grandes de España se arremolinan en torno a Libranda, resulta que, como siempre, hay alguno que rompe la disciplina. Para el caso: El Chacal. Según Público este señor, uno de los agentes literarios más importantes del mundo, se va a pasar a las editoriales (el artículo habla mucho de editores, curioso) por la piedra, negociando directamente con plumillas para vender los textos por Amazon. Tres cuestiones al respecto: Carmen Balcells ya hace algo parecido en España; segundo: la plataforma Libranda lo es de los grandes grupos editoriales españoles, así que cuando el asunto rompa, supongo que se dedicarán a vender desde Internet sin intermediarios (cosa que Planeta ya hace con Casa del Libro, sin ir más lejos); tres: por estructura, empresas de otros ramos, tal y como amenazaban no hace mucho, entrarán en el gallinero a por su parte del pastel, léase: Telefónica, que con Movistar figura ya entre los distribuidores de Libranda o The Phone House, que lo mismo te vende un micro-ondas que un seguro para el coche. Consecuencias: echarán del negocio a aquellas distribuidoras que no dependan de esos mismos grupos editoriales y, para sí, apenas una restructuración de personal. Exigirán además de la ministra de cultura que cuelgue de la plaza mayor a los piratas que hacen uso non sancto de la red. Las librerías sobrevivirán como reductos para las víctimas de la brecha digital y amantes de la disciplina anticuaria (las que aguanten el tirón, se entiende, y en esto unas tienen más papeletas que otras). Andrew Wylie no es, como se ve, el único cánido de este predio, quizá el más rápido.

Cumplir años es un ejercicio

hay que desarrollar primero los músculos de la paciencia, y los de las manos en tanto llega la posibilidad de hacer un dúo; luego los de la resignación o la paz de espíritu. Entre medias, muchas veces, se tonifican los faciales propios de la risa y el contento, es mi caso estos días, en que además de ropa me han caído libros, bellos libros que os enumero (la envidia también tiene su cabida en el desarrollo vital).

Mis compañeras y compañeros de trabajo han tenido a bien (bajo claras amenazas) regalarme Vida de un piojo llamado Matías de Fernando Aramburu en Tusquets. Libro ilustrado y detallista, de historia sencilla para echarse unas risas. También en Tusquets Mondo y otras historias, del Nobel de Literatura (y kilométrico nombre) Jean-Marie-Gustave Le Clézio, a quien no he leído. No sé si me gustará pero la fotografía de portada es, permítaseme el horterismo, preciosa. Algo que se perderá con el libro electrónico que, si bien no acabará con los libros en papel  (Eco y Carrière dixerunt), es claro que sí lo hará con algunos.

Para redondear, tuve que pararme a respirar, Alma minha gentil: antología general de la poesía portuguesa al cargo de Carlos Clementson, en Eneida. Lo de esta editorial es un poco sorprendente: no hay rastro en Internet. Lo cual es pena, vista la calidad de la edición (a la que le habría ido bien un índice de primeros versos). Mil doscientas veintiocho páginas con texto en portugués y castellano, un contundente prólogo y breves estudios particulares de cada autor y época para mejor tocar la piel de Portugal. Es gran lujo.

Alma minha gentil, que te partiste              

tâo cedo desta vida descontente,

repousa lá, no Céu eternamente

e viva eu cá, na terra sempre tristre.

Se lá no assento etéreo, onde subiste,

memória desta vida se consente,

nâo te esqueças daquele amor ardente

que já nos olhos meus tâo puro viste.

Etcétera

Luís de Camôes

Y por si esto fuera poco, mi señora madre me entregó el tesoro de la Metafísica de Aristóteles en edición trilingüe (útil y precisa) de Valentín García Yebra (Gredos) y de Pierre Aubenque: El problema del ser en Aristóteles (traducción de Vidal Peña), Escolar y Mayo Editores. Un ejercicio de claridad y racionalismo pocas veces leído, hasta la fecha. Tal vez la mano de Vidal Peña haya contribuido no poco a la elegancia de este monumento.

Lecturas de verano, en fin, y para el año entero. El que queda para volver a cumplir, esperemos que bien.

Como Alicia

El blog de difusión y disfrute literario Cargada de Libros cumple años. En algún momento de su vida esta chavala se cayó por el hueco del aire acondicionado al almacén de alguna librería, cruzó tal vez  algún cristal abierto cuando debería haber estado cerrado, persiguió algún conejo estrábico hasta detrás de una estantería de la sección de literatura extranjera, quién sabe. Desde hace dos años, es lo que importa, se dedica a contarnos su vida literaria, sus disgustos y sorpresas de papel y, desde mayo, también los eléctricos; ha abierto una cantina literaria para desbarrar sin complejos en sana compaña y ahora,  nos regala libros. Así pues, no podemos sino felicitarla por dedicarnos su tiempo y sus neuras, que hacen las nuestras más llevaderas: tiempo para la edificación. Un saludo cordial y larga vida.

Islandia mítica

Arnaldur Indridason: historiador, periodista, crítico literario y cinematográfico. Islandés y autor de la saga cuyo protagonista es Erlendur Sveinsson (su nombre significa «forastero» y se crió en el campo; el apellido, aclara el traductor, es un patronímico, según costumbre de la isla). Dedica su tiempo a trabajar y leer sobre personas desaparecidas, cubiertas de olvido. Vive, además, atormentado por el pasado del que nacen una hija toxicómana, un hijo alcohólico, una esposa puro odio, un hermano muerto. Un tiempo siempre presente en las tres novelas traducidas hasta el momento (La mujer de verde, Las marismas, La voz) y de textura subjetiva. De hecho, si no me equivoco, para Indridason, lo que sucedió no depende nunca de una estructura, ni tampoco el resultado lo es, sino de un trauma, un acto fatal, un error que el agente de ojos grises hace aflorar en un recinto de átomos llamado Islandia. Las tramas tienen pues, un regusto cotidiano como de culebrón o de sección de sucesos en el telediario (violaciones, violencia de género, abuso contra menores). Al fin, no parece que haya compasión en Erlendur (algún crítico citaba esta como su característica principal), semeja mejor impotencia porque lo que fue no muta y lo que es pesa como kilos de nieve.

Actualidad en negro

La editorial Akal, de muy interesante trayectoria en ciencias humanas y filosofía, hace tiempo que también apuesta por la literatura en bolsillo. Como parte de esta colección (Akal Básica de Bolsillo) ha comenzado a lanzar varios títulos de Serie Negra a muy buen precio. De entre los más conocidos apuesta por recuperar títulos de Chester Himes que no se habían reeditado en años (o que estaban sin traducir en español): Por amor a Imabelle; El extraño asesinato o La banda de los musulmanes. De Horace McCoy Debería haberme quedado en casa o Los sudarios no tienen bolsillos. Un poco menos recordado los Asesinatos archivados de Didier Daeninckx (antes en el fondo de Júcar) y otros autores también interesantes.

En Debería haberme quedado en casa, McCoy, que fue guionista en Hollywood y retratista excelente de la gran depresión, nos cuenta la historia de un joven sureño que llevado a la ciudad del cine para hacer una prueba y donde decide quedarse para triunfar. No estamos ante una novela negra, un género difuso que McCoy, como Jim Thompson, no practicó tanto como en principio pudiera parecer. Es negro el fondo, el retrato es duro pero no hay asesinatos ni investigación, sólo la máquina productiva que destruye a los individuos y los destruye engañándolos.

Una edición barata y cuidada para un puñado de pequeñas joyas de la literatura a secas, pero nada complacientes.

Pasado presente

Resulta que desde hace no menos de tres años y medio, funciona desde Madrid la editorial Abada. De edición impecable, como conviene al contexto (si no eres Planeta, Random, Anaya) y con catálogo de vocación escogida e interesante (compartimentado en campos como: clásicos de la literatura, filosofía, ciencia, teoría literaria, etc.). Su anagrama es, precisamente, un abada, un rinoceronte (el pintado por Durero, creo). La explicación a la elección, es sorprendente, quizá venga implicada en esta novedad para el año en curso: El rinoceronte y el megaterio de Juan Pimentel. La historia reconstruida afirma que:

Estos animales fueron imaginados antes que vistos, lo que no impidió que se convirtieran en sendos objetos en el mundo del conocimiento. […] Este libro aborda el trabajo del arte y la ciencia, el papel de la imaginación y la analogía en la confección del conocimiento.

En mi caso, la sorpresa saltó cuando encontré entre las cubetas de la librería el trabajo (¿he hablado ya de la magnífica edición?) de Francisco Vázquez García: La filosofía española: herederos y pretendientes. Una lectura sociológica [1963-1990]. Como licenciado en la materia el interés va de suyo. El autor, catedrático de Filosofía en Cádiz, ofrece la cristalización momentánea de un proyecto  colectivo de investigación más amplio que ha obtenido financiación estatal, y se titula «Intelectuales y calidad democrática en la España contemporánea: un estudio sobre el campo filosófico». Para entendernos, se trata de analizar con las herramientas de la sociología promovida por Pierre Bourdieu, la que podríamos considerar como transición filosófica que acompañó al cambio político contemporáneo español.

Así, por un lado, Vázquez García reivindica la importancia del punto de vista sociológico como interno a la propia filosofía, algo que es una novedad, sobre todo para determinadas corrientes, pero no para las marxistas. Claro que una cosa es reivindicar este aspecto y otra ponerlo en práctica más allá de la descalificación sociologista. Esto se lo agradecemos al autor. Por otro lado, obtenemos una imagen de conjunto muy interesante no sólo para el o la especialista en el campo, sino incluso para profanos que de repente encuentran algo del origen de las editoriales más prestigiosas de la actualidad (Alianza, Crítica, Ariel, El Viejo Topo, Trotta) o la historia de las fenecidas (como Ciencia Nueva o Cuadernos Para el Diálogo). Así mismo, podemos hacernos una idea de la trayectoria personal/ profesional de muchos de nuestros más reconocidos próceres intelectuales: Muguerza, Savater, Bueno, Trías, Adela Cortina, etc.

No es un libro perfecto, no es la verdad eterna: es un buen punto de partida, con mucha información y su combinación de historia, análisis sociológicos estadísticos, historias de vida, historia de las instituciones y exposición filosófica permiten beberse las páginas en un suspiro. Que la colección de Filosofía la dirija Félix Duque (actor en el libro) es humor histórico-dialéctico, tipismo filosófico.

La risa cerebral

Resulta que se ha muerto Daniel Gil, hace cinco años nada menos y, si me enteré, lo olvidé. Busco en mi estantería libros de Alianza de tres lustros atrás: Corydon de André Gide; de Edgar Snow: La larga revolución; Américo Castro: Aspectos del vivir hispánico (por filo-andalusismo); Textos fundamentales para la historia, de Miguel Artola (sustraído a mi padre); Discursos de Rousseau (lectura obligatoria para Filosofía de tercero). No son, se ve, lo más florido de su producción (El País inserta algunas portadas muy interesantes), pero me acompañan cada vez más como reguero de nostalgia discursiva. Echo tanto de menos su obra como a mí mismo.

 

PD.: El elegante título ha sido entresacado de la biografía inserta en el Legado Daniel Gil. Imagen obtenida en CuatroTipos.

 

La Historia de los niños: El tiempo de los emperadores extraños

Días hacía que no encontraba un libro a mi medida, y no hablo de peso o de tallaje, sino de ritmo, de querencias, de paisajes. Entre tantas novelas, poemas prescindibles, El tiempo de los emperadores extraños es una casa acogedora. No es genial sino correcta, bien armada en el lenguaje y muy europea en sus espacios; no sólo porque se desarrolle durante el cerco a Leningrado, segunda guerra mundial, sino por su vocación reflexiva (no es un tostón, sin embargo, es un esfuerzo). Chandler, hito entre muchos, define un personaje en una mirada, de un navajazo de pluma sabemos todo lo necesario y lo principal es cuán bajo, cómo de podrido encontraremos esta vez el mundo. Para del Valle, como para tantos de quienes vivieron y horadan esta geografía desgastada, nunca es suficiente. Para este asturiano que vive en Madrid, la historia contemporánea de Europa es precisamente la de unos críos crecidos demasiado aprisa «sin nociones de pasado o de futuro; niños egoístas y solitarios jugando en el purísimo cielo de la crueldad, matando sin odio, sin motivo, inaugurando así para el mundo una época implacable.» Muchachos, al fin, que juegan con cosas que no comprenden pues desconocen como ya sabía Newton, luego Darwin, que la natura, como la historia, non facit saltus. Hitler, Stalin, Falange y Franco son, pues, extrañas mutaciones. Yo con esto no estoy de acuerdo: es una noche demasiado parda que sin embargo, bien defendida como está, tiene sus rendimientos y confiere hondura al protagonista y a la trama. Una en que la política no desaparece pero se reduce a maniobra. Un tanto de existencialismo, un poco de miedo, parte de sexo y una atronadora estepa repleta de cadáveres. Una buena novela para pasar el rato.

Más que un accidente, una catástrofe (y II)

Así pues, contaba que colocado de sándalo y determinación me incliné por el último de Kadaré, príncipe de las letras, que acaba de publicar en español El accidente (Alianza). La historia viene siendo algo como: Bestford y Rovena son dos amantes que mueren al salirse de la carretera el taxi en el que viajaban, en el ínterin intentaban -o hacían por- besarse, en el aire, tal y como declara el taxista que conducía. Este malhadado episodio pone en movimiento a los servicios secretos de Yugoeslavia, lo que queda de ella, y Albania, así como el buen hacer de un meticuloso investigador privado para esclarecer el carácter del suceso: ¿asesinato? ¿accidente?

El currículo del autor, exiliado en París por su desacuerdo con el régimen comunista de Enver Hoxha, emperador extraño (del Valle dixit), así como la condición del personaje principal de la trama, Bestford, a sueldo del tribunal internacional de La Haya, harían pensar en una novela de importantes implicaciones políticas. Nada más lejos de la realidad, pues, a pesar del magisterio que Miguel Dalmau le atribuye para transitar entre lo público y lo privado en Qué leer, es el ámbito personal el que gobierna este libro difícil: lenguaje elusivo, trama gaseosa.

Es al fin una historia de amor, para entendernos, entre el político maduro y la joven y bella estudiante de historia, cuajada de incomunicaciones, de malentendidos. Esta corre paralela, inmersa en el devenir de la Europa del siglo veinte: la caída del muro, la guerra de Yugoslavia; está trufada por refencias literarias de altos vuelos, Homero, Platón, entre otros, y un interesante episodio cervantino-platónico (de Cervantes toma la materia del «curioso impertinente» y de Platón la orfebrería del mito) que nos conducen, me parece, a una catástrofe.

Y es que tantos oropeles, tanta reflexión sobre la pareja, tanto vapor para lo de siempre: una relación recortada a la escala del protagonista, en este caso Bestford:

«Ésta era en apariencia la razón de que él, no pudiendo situar su amor a salvo de ese peligro [la pérdida], hubiera decidido separarlo en dos fases, la primera, la segura, definitivamente sellada ya, y la segunda, aquella en la que Rovena ya no era su amada sino una simple call girl, en otras palabras, una chica de alterne»,  p. 282

Una prostituta, eso sí, con carrera, a la que sin despeinarse, unas páginas antes, da lecciones sobre su disciplina, y sobre política, sin que ella vea la bola ni de lejos:

«Porque soy un ciudadano […] Lo cual significa que me concierne todo lo relativo a la vida de la cité. Rovena no acabó de entender el sentido de sus palabras, pero se abstuvo de manifestarlo.», p. 250

Y entonces, ¿qué ve el varón rampante, intrépido, culto y atormentado en la chica «que no acaba de…»?: el reflejo de una idea, la mujer ideal (claro que, menudo ideal). Platón pues. Quién lo iba a decir. Resumiendo: un trabajo de libro que, siento decirlo, no compensa (pace, Dalmau).

Más que un accidente, una catástrofe (I)

Supongo que exceptuando gente enterada y culta, a mi el premio Nobel, como el Príncipe de Asturias de las Letras, me suele pillar a contra pelo. No te digo más que el último que me sonó fue Saramago y por cosas de mi padre que le cogió cariño hace veinte años, viajando por Portugal, como él mismo escribió por aquel entonces. Así que un año más a remolque, a leer como con vergüenza del tiempo perdido a estas nuevas dos estrellas del cielo europeo, tan índigo, tan sieso.

Te adelanto que con Herta Müller fracasé estrepitosamente, fue una lucha perdida de antemano. Abrí el libro, dos capítulos y a la lona. Y no porque escriba mal, no. Es que, ya digo, estas cosas, siempre, con el pie cambiado. Y caí, y lo cerré sin contemplaciones (El hombre es un gran faisán en el mundo, telita con el título, muy metafórico, un directo a morder el polvo). Así que en el segundo asalto con Kadaré me lo preparé a fondo: todo relax, concentración, la alfombra en plan zen y toneladas de sándalo. Y funcionó, la verdad y no porque el albano ayudara mucho, no.

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