Un Ciego con una Pistola

Ya conoces la novela, es un guiño, y sabrás por eso que este es un blog pretencioso sobre el libro y su mundo. Si quieres comentar algo, adelante, si quieres enviarme tu libro, mucho mejor: daré cumplida cuenta.

Contra los filósofos: Epicuro

Epicuro MessnerLeo en Yahoo grupos varias entradas sobre la preocupante situación económica que William Messner-Loebs sufre, o ha sufrido a los cincuenta y tantos años. Alguien comenta que Ross Thomas se dedica a enseñar inglés tras pasar de los tebeos: cosas pedestres y tristes, lejos de la imagen que yo, al menos, tenía de la profesión. Ahora me pregunto de dónde había sacado tal cosa. Curioso que esa desmitificación que la vida práctica ejerce sobre nuestros autores actuales, la aplicase primero Messner-Loebs sobre nuestros maestros más antiguos, claro que con más gracia, en Epicuro el sabio.

Alguien me contó que al guionista lo amargaron en la universidad con la filosofía y esta parece su arriscada venganza. Y para no tener que enredarse con la cronología, no se corta y coge todo el periodo clásico para hacer un totum revolutum en el que conviven Aristóteles y Sócrates, Epicuro, claro, con todos ellos, Pericles y los cínicos, los sofistas y Alejandro Magno. Y ya que estamos Homero y Hesíodo (gran cuidador de ovejas y amante de los dichos y apotegmas) y todos los dioses y diosas del Olimpo, ya puestos… Tejiendo y destejiendo mitos y hechos, Epicuro, Alejandro, Platón y Aristóteles se dedican a evitar que el mundo se venga abajo por la furia de Deméter, porque el ceceante Hades ha secuestrado, o eso parece a Perséfone, a quien se debe, aquí nos enteramos, la erección de los Campos Elíseos; o por la mala uva de Zeus contra Faetón, que por embromar le roba el carro del Sol a Apolo.

Si no me equivoco, Norma sólo había publicado los dos primeros episodios de Epicuro hace muchos años y ahora, por fin, edita los cuatro en un solo tomo y como merece. El dibujo de Sam Kieth se adapta perfectamente a la caricatura y salvo por un ligero aroma a caca de oveja, estamos ante un producto digno, divertido y para todos los públicos. Lo irónico del asunto es que para maldecir a todos los filósofos, aunque sea por la vía del ridículo, Messner-Loebs, finalmente, ha tenido que estudiarlos.

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